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¿Es malo hacer mandas, peregrinaciones o novenas?

Dios no necesita nada de nosotros. Confiemos en que él nos dará lo que necesitemos y lo que más nos convenga para nuestra salvación.

Pbro. Eduardo Michel Flores

En cierta ocasión una señora me preguntó: “Padre, ¿es malo hacer mandas, peregrinaciones o novenas?”.

Yo le respondí: “Antes de responderle quisiera saber ¿por qué me pregunta eso? ¿quién se lo dijo? o ¿dónde lo oyó?”.  Entonces ella me dijo: “Es que el otro día escuché por la radio a un predicador que decía que a veces vemos a Dios más como un comerciante que como un Padre, porque pareciera que le queremos ‘comprar’ su favor con las cosas que hacemos, y ponía el ejemplo de las mandas, peregrinaciones o novenas que hacemos y que muchas veces las hacemos como para asegurarnos el favor de Dios, las vemos como un medio de forzar a Dios a que nos dé las cosas que le pedimos”.

Entonces yo le dije: “Mire, en principio lo que usted escuchó es correcto.

“A veces los cristianos vemos a Dios más como un mercader o un comerciante que como un Padre bueno que nos ama, y muchas veces, los actos religiosos o de piedad que realizamos, parecen ser una forma de manipular a Dios, de forzarlo a estar de nuestro lado”.

Purificar nuestros motivos

“Entonces ¿es malo hacer mandas, peregrinaciones o novenas?”, dijo ella. Yo le respondí: “No es malo hacerlas, sino que debemos purificar la motivación por la cual las hacemos. Por ejemplo, un señor me decía una vez que él acostumbraba a hacer cada año una peregrinación a un Santuario de la Virgen para ‘asegurarse la bendición de Dios’ para su negocio durante todo el año, esa es una forma equivocada de concebir la relación con Dios, se ve a Dios más como un comerciante que ofrece su mercancía que como un Padre bueno y amoroso que cuida y protege a todos sus hijos.

“No está mal hacer mandas, peregrinaciones y novenas, siempre y cuando no se hagan como un medio de obligar a Dios a que quiera lo que yo quiero, o de ‘comprar su favor’.

“Se les debe hacer como una ofrenda de amor, por los favores recibidos, por las gracias que Dios derrama en nuestra vida; como un gesto de gratitud que un hijo quiere ofrecerle al Padre o a la Virgen o a algún santo (por su intercesión), pero no se deben hacer como una operación de compra-venta, en la que nosotros ponemos lo que hacemos y le compramos a Dios sus favores”.

“Debemos purificar la imagen de Dios que tenemos”. Entonces ella me dijo: “Padre, ya entendí, le agradezco mucho su explicación, por lo que oí en la radio pensé que era malo hacer estas cosas, pero ahora me doy cuenta que no es malo hacerlas, sino que debemos ver cuál es la motivación por la que las hacemos”.

No nos hagamos una idea equivocada de Dios

Buscar a Dios solo por interés es tener una idea equivocada de él. Jesús nos enseña que Dios es nuestro Padre y que no se le debe buscar por lo que se puede obtener de él, o sea por interés.

Nosotros, en muchas ocasiones vemos a un Dios comerciante, queremos negociar con Él, si nos hace tal o cual milagro o petición, prendemos una veladora, vamos a Misa, cambiamos o dejamos ciertos vicios, damos alguna limosna o nos portamos bien, pero solo si Dios nos da lo que queremos, de lo contrario no hay trato con Él.

Jesús nos enseña: “Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna”, pero eso ¿cómo lo hacemos? Jesús responde: “La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado”. Pero ese ‘creer’ es sin ningún interés, sin negociar con Él, solo entreguémonos en sus brazos y dejemos que el actúe.

Él no necesita nada de nosotros solo quiere nuestra fe, amor y confianza y él nos dará lo que necesitemos y lo que más nos convenga para nuestra salvación y para nuestro bien espiritual.

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