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Sacerdotes de Jalisco que estudiaban en Roma regresan al país

Primer testimonio de dos entrevistas

David Hernández

El Presbítero José Luis Íñiguez García, originario de la parroquia San Francisco de Asís en Tesistán, quien cursa la especialidad en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, regresó a Guadalajara para concluir sus estudios vía online ante la crisis por la pandemia.

En entrevista para ArquiMedios, nos comparten su experiencia respecto al tema del coronavirus y la reacción que generó en Italia, uno de los países que más casos y decesos ha presentado.

P. José Luis Íñiguez García conversando con el Papa Francisco

¿Qué observó en Roma con respecto al comportamiento de las personas frente al coronavirus?

Puedo distinguir el comportamiento de las personas en tres momentos: el primero, escéptico. En este momento las personas no creían que la viralidad fuera tan agresiva. El comportamiento cambió una vez que el gobierno se pronunciara sobre las medidas de cuidad sanitario. Un segundo momento, fue de miedo y aceptación. En este momento, las personas se veían resguardadas en casa y muchas de ellas, perdiendo la alegría incluso tomando como estado ordinario, la tristeza. En un tercer momento las personas se vieron muy esperanzadas, cansadas pero optimistas. Cabe resaltar que una vez que supieron cómo gestionar su tiempo y su “nueva normalidad” pudieron mostrarse más amables con la situación.

¿Qué conductas observó en sus compañeros del Colegio Mexicano?

En el colegio mexicano las reacciones no fueron las mismas. Ciertamente se vivió en un ambiente más sereno. Algunas de las reacciones fueron la de pensar todo el tiempo en lo sucedido, el ajuste “emocional” para vivir la nueva situación. Esto naturalmente traía algunos cambios repentinos de estados de ánimo. Destaco que, en la comunidad del Colegio Mexicano, se vivió un ambiente de solidaridad y responsabilidad, ya que los sacerdotes estudiantes, tomamos las responsabilidades laborales de las personas que trabajan ahí.

¿Qué pensaba al ver la contingencia sanitaria y el pánico en las personas?

Al observar las reacciones de las personas y las mías ante la contingencia, pesaban que la única manera de poder superar esta situación era la de la responsabilidad y solidaridad comunitaria. Ha sido un tiempo fuerte de introspección y de purificación en nuestra oración. Creo que este tiempo nos hizo ser más cercanos a nosotros mismos y a reconocer lo que nos falta por trabajar en el camino de la madurez humana.

¿Cuál fue la reacción de sus familiares al percatarse de las vicisitudes que atravesaba en Italia?

Naturalmente la reacción fue de preocupación. Buscaban estar informados y estar cercanos aún en la distancia a través no solo de la oración sino de las redes sociales. Digamos que su reacción fue la del acompañamiento.

De regresar al país, ¿qué actitudes o acciones observó en los mexicanos en comparación con los italianos? ¿Qué estamos haciendo bien o mal?

Algunas de las actitudes que pude observar fueron la preocupación por el sustento económico de las familias, la responsabilidad de algunos gobernantes y civiles de acatar las medidas de prevención, aunque también, mucha ignorancia sobre la cuestión, que desemboca en una desobligación del bienestar personal y de los demás. No podría calificar lo que se hace bien o mal respecto al pueblo italiano, más bien pienso que un punto en el que debemos trabajar con ahínco, es en la educación civil, en el sentido ético de la vida y en la solidaridad laboral y económica.

¿Cuál es su situación actual respecto a su estudio? ¿Regresará a Roma o lo cursará online?

Ahora me encuentro terminando los estudios gracias a Dios desde Guadalajara. De manera telemática presentaremos las tres semanas que nos quedan de clases, la defensa de tesis y el examen de grado.

A manera de conclusión: ¿Qué enseñanza desea compartir con los fieles de la Arquidiócesis de Guadalajara?

El tiempo nos enseña a valorar aquello que tenemos y lo que no tenemos. Creo que esta pandemia nos enseña a valorar con justa medida las personas, las experiencias y las cosas; nos enseña a purificar nuestros deseos, y a buscar más a Dios. Mucho dependerá de cómo queremos enfrentar la situación. Hay cosas que absolutamente no dependen de nosotros, pero de lo que si depende de nosotros no podemos despreocuparnos.

Anécdota

Unos amigos romanos, justo después del decreto de confinamiento experimentaron la muerte del abuelo. Fue una situación muy dura. Me decía Luciano -ahora lo más duro de la muerte de mi papá no es que se haya ido, sino que no podemos abrazarnos entre nosotros ni celebrar la Santa Misa… Esta experiencia me ha dejado pensando sobre el sentido afectivo de la vida y la necesidad de ser muy cercanos, humanamente cercanos a los demás. Vivir de cerca los pasos de Jesucristo. “Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores».” (Lc. 7, 13).

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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