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San Raimundo de Peñafort

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

No todos los abogados van al infierno.  Raimundo de Peñafort desdice este dicho popular que se basa en los peligros de esa profesión. Es más, Él ya goza, como todos los bienaventurados, de la presencia de Dios en el cielo. Y todavía más, es el patrono de los abogados. Es decir, es el “abogado de los abogados”.

Este gran hombre nació en Peñafort, Barcelona, España, entre 1175 y 1177. Realizó estudios de derecho civil y derecho canónico, en Barcelona y Bologna. En Cataluña enseña; es tenido como árbitro por su excelencia en litigios. Es ordenado presbítero. El obispo le nombra canónigo de Barcelona y participa en la unificación de la liturgia de Roma. A los 40 años ingresó en la Orden de los Predicadores (dominicos). Sus superiores le encargaron investigar cómo responder a preguntas difíciles de moral. Sus famosos “casos de conciencia” dieron como resultado su famoso libro “Summa de casibus paenitentialibus”, primera en su género, de gran provecho para confesores y moralistas. Él escribió también la “Summa Iuris Canonici”. Es invitado por el Papa Gregorio IX a Roma para trabajar el Corpus Decretalium (Código de Derecho Canónico Medieval). Renuncia a ser obispo.

Era un apasionado evangelizador. Se dedicó, sobre todo, a la predicación, a la instrucción y a la confesión en tierras españolas. Según una tradición fundó, junto a San Pedro Nolasco y al rey Jaime I la orden de los Padres Mercedarios en 1223, dedicada principalmente a rescatar a los secuestrados por los mahometanos. Se dio a la tarea de crear las Constituciones de la Orden naciente. Crea dos institutos para la evangelización de mahometanos y judíos, en Murcia y en Túnez, respectivamente. Gracias a su influencia, Santo Tomás de Aquino escribe “Summa contra gentes”.

Murió el 6 de enero de 1275  en el convento de Barcelona. Fue el tercer Maestro General de la Orden de Predicadores. Su cuerpo se venera en la catedral de Barcelona. Fue canonizado en la actual Basílica Vaticana por Clemente VIII el 29 de abril de 1601.

¿Qué podemos aprender de este predicador?

1.- Su pasión por la evangelización. Se preparó para presentar con claridad y celo apostólico el mensaje cristiano sobre todo a los profesos de otra religión y ante los peligros de las herejías de su tiempo.

2.- Ejercitó su profesión de abogado para defender las causas de los pobres esclavos y secuestrados.

3.- Fue un gran consejero. Su experiencia fue aprovechada para resolver asuntos muy delicados.

Acerca de Hugo Rodríguez

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