Home / Iglesia Universal / Santa Mónica, madre que nunca se cansó de rezar por sus hijos

Santa Mónica, madre que nunca se cansó de rezar por sus hijos

Sus plegarias fueron escuchadas y logró que su esposo e hijo se convirtieran.

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Una madre de familia desea normalmente la salvación y santificación de cada uno de sus hijos, es decir, su completa felicidad. Cuando ve que sus hijos están lejos de Dios la madre sufre y recurre a la oración para que estos sean atraídos a la Divina Bondad.

Por la conversión de su familia

Santa Mónica es la madre de San Agustín, prototipo de madre por su constancia y oración hasta lograr la conversión de su hijo.

Nació el año 332 en Tagaste. Sus padres la casaron con Patricio, que era un buen trabajador, pero de genio fuerte. La hizo sufrir bastante con sus desplantes y los frecuentes estallidos de ira. Tuvieron tres hijos: dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir durante años.

Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad con los pobres, nunca se oponía a que ella se dedicara a estas buenas obras. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo. Al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar.

El sufrimiento por su hijo Agustín

Mónica tuvo un sueño en el que lloraba por la pérdida espiritual de su hijo y que en ese momento un personaje le decía: “tú hijo volverá contigo ” y enseguida vio a Agustín junto a ella.

Le narró el sueño y Agustín dijo que eso significaba que la madre se iba a volver maniquea como él. Pero ella respondió: “En el sueño no me dijeron, mamá irá a donde su hijo, sino tu hijo volverá contigo”. Esta hábil respuesta impresionó a su hijo. Esto sucedió en el año 437. Faltaban 9 años para que Agustín se convirtiera.

También es famosa la respuesta que un Obispo dio a Mónica cuando le contó que llevaba años rezando por la conversión de Agustín. El Obispo le respondió:

“Es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”.

Su muerte y su legado

En Milán, Mónica se encontró con San Ambrosio, Obispo de la ciudad. Él ayudaría a facilitar la conversión de Agustín, que sucedió el año 387. Decidieron regresar a su tierra y se fueron al puerto de Hostia a esperar el barco, pero ella enfermó y en pocos días murió. Lo único que pidió a sus hijos es que no dejaran de rezar por el descanso de su alma. Murió en el año 387 a los 55 años de edad.

Muchas madres y esposas se han encomendado a Santa Mónica, para que les ayude a convertir a sus esposos e hijos. Existe una famosa congregación, “Las Mónicas”, cuyo único sentido es rezar por sus hijos, para que Dios los proteja y lleven el camino del bien.

¿Qué podemos aprender de ella?

  1. Su gran corazón de madre, preocupado por la felicidad y salvación de sus hijos.
  2. Su extraordinaria piedad que la mantuvo orante toda su vida.
  3. Su ejemplo de esposa que motivó también la conversión de su esposo.

Acerca de Edicion Arquimedios

Revisa También

Un nuevo Obispo Auxiliar en el Año de San José

Sonia Gabriela Ceja Ramírez Este sábado 18 de septiembre la Iglesia de Guadalajara despertó con …