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Sinsentido que el gobierno de Estados Unidos persiga a los jóvenes y a la Iglesia (Parte 2, entrevista Mons. Gustavo García Siller)

Es una injusticia que la administración de Donald Trump pretenda terminar con el programa DACA y que ejerza cada vez un mayor control, señala arzobispo de San Antonio Texas.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

En la primera parte de la entrevista con Mons. Gustavo García Siller, Obispo de San Antonio, Texas, Misionero del Espíritu Santo, originario de San Luis Potosí, México y con 25 años radicado en Estados Unidos, comentaba a Semanario y ArquiMedios sobre la influencia de la cultura mexicana, y sobre todo el legado de fe que se transmitió a las familias del sur de Estados Unidos, así como también se refirió y las duras políticas migratorias impuestas por la actual administración estadunidense y la atención que brinda la Iglesia a migrantes y refugiados.

Pendientes en el sistema migratorio

“En la Arquidiócesis de San Antonio tenemos programas para atenderles y tenemos casas para migrantes, para niños, para mamás con niños y caridades católicas, que sería en México, Cáritas.

“Tenemos una organización muy buena de apoyo al migrante, desde cómo recibirlos, cómo atenderlos, cómo darles casa, vestido, doctores, tenemos abogados; tenemos la manera de conectarlos con sus familias en el resto del país, pero esta atención se ha reducido mucho ya que no los dejan entrar.

Mons. Gustavo García Siller

“La ayuda la tenemos y estamos haciendo todo lo posible. Además, algo muy bonito en San Antonio es que trabajamos no solamente la Iglesia Católica sino que lo hacemos con otros líderes religiosos de distintas denominaciones. Juntos, damos un servicio bastante bueno”, apuntó.

“Hay cosas como, la división de las familias que no se ha resuelto. O las redadas que se han dado, ya de migrantes o refugiados que están dentro, y que se busca hacerles la vida imposible.

“Nosotros buscamos la manera de atenderlos y apoyarlos, y todas nuestras comunidades están dispuestas a favorecer la dignidad de nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados”.

La discriminación religiosa

Señaló que en San Antonio, gracias a Dios hay gente muy comprometida con el trabajo pastoral, sin embargo hace falta una nueva evangelización. “La historia de Estados Unidos inició principalmente con grupos de denominaciones religiosas protestantes. La Iglesia católica era minoría, eran rechazados y perseguidos por ser católicos aunque venían también de Europa. En el sur había presencia de católicos, pero el país fue fundado en el este y fue fundado por los grupos protestantes que venían porque allá no podían vivir su fe libremente, y por la economía. Querían hacer un nuevo mundo.

“Los católicos que venían de allá también querían eso pero ellos proclamaban que la Iglesia era fundada por Jesús y era universal, y que el líder de la Iglesia Católica era el Papa y estaba en Italia, eso provocó que la recepción de los católicos que llegaron a Estados Unidos no fuera positiva, porque ellos si querían la libertad y un futuro y vivir su fe, pero el país que se iba formando no veía con buenos ojos esa relación de la Iglesia con el vicario de Cristo. Ellos querían que hubiera una autoridad local. Eso con el tiempo alentó una mentalidad congregacionalista. Un grupo, se dividía en 10 grupos y cada quien seguía a un pastor, a un líder, esto dio origen a multitud de Iglesias.

“La Iglesia católica se mantuvo firme viviendo en la persecución, en la pobreza, en que no les daban cargos importantes, y se ha mantenido hasta ahora. Gracias a la influencia de México, Centroamérica y Sudamérica la Iglesia católica ha tomado una fuerza en número en Estados Unidos, que se une a otros grupos”.

Iglesia y migrantes perseguidos

“Realmente la presencia católica no ha sido fácil. Tenemos unos 250 Obispos para un país con un territorio muy grande. En porcentaje, alrededor de 33 ó 34 Obispos somos latinos o hispanos, es decir unos nacidos en Estados Unidos y otro más provenientes de diferentes países, México, Cuba, Colombia, Venezuela, etcétera.

Mons. Gustavo García Siller dijo que la colaboración entre las Iglesias fronterizas tanto de Estados Unidos como México no va solo en el sentido social sino también pastoral y sacramental pues los apoyos se dan, por ejemplo, “si hay familias de México que van a Estados Unidos para ser padrinos, bautizar, o de allá para acá, se busca que haya ese diálogo, en situaciones que son de interés para nuestras comunidades. Nos conectamos también con líderes de migración de Centroamérica por la situación de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, que son los lugares que más migrantes envían a Estados Unidos”. 

El Obispo de San Antonio señaló que un punto importante es que el actual gobierno estadunidense ha desacreditando a los migrantes y refugiados no solo a los que están queriendo llegar a Estados Unido sino que se ha hecho una abrupta descalificación de quienes ya están en Estados Unidos. “Sabiendo que es un país que fue constituido por emigrantes. Esto es algo muy serio porque trae una desestabilización en el país.

Lo que los migrantes aportan

“Parte de esta descalificación es que el emigrante es presentado como un problema, no como una persona que tiene dignidad y que tiene valores que contribuyen a la sociedad americana e incluso a la economía.

“En el caso de la Iglesia, contribuyen a la fe. La gente que llega el sur es gente de fe, que viene de sociedades con valores como la familia; gente que está dispuesta a trabajar y que tiene mucho que aportar. Gente que quiere salir adelante y que no se dobla fácil; el hecho de que hayan pasado cuatro fronteras nos habla de su tenacidad.

“Es gente que ha sufrido y que sabe de sufrimiento. Traen una serie de valores que la sociedad americana necesita. La sociedad norteamericana va en una clarísima decadencia; la economía ha subido un poco, pero como cultura, como sociedad, está en decadencia. No porque una sociedad evolucione en cuanto a economía y ciencia, asegura la madurez de sus personas.

“Nuestros hermanos y hermanas que vienen del sur, estarán empobrecidos pero tienen valores muy de fondo, muy rescatables, que necesita la sociedad americana y que pueden florecer mucho. Esto es lo que no se ha aceptado oficialmente”.

Una fe transformadora

“Como Iglesia debemos aceptar que la fe no se trata meramente de algo espiritual sino que debe ser algo espiritual vivido. Debe haber una vivencia de la fe, que la gente no esté nada más rezando sino en acción;  la manera de comportarse en su vida, de relacionarse; la manera de hacer negocios, la manera de promover, la familia; no nada más en la Iglesia sino dando un testimonio de vida; una fe que incluya la piedad pero que no se reduzca a eso.

“Hay que abrir caminos de relación, de encuentro, de entendimiento. Los primeros cristianos en su contexto vivieron situaciones muy difíciles, y tenían que proclamar las verdades de la fe y vivirlas. Así ha sido en todas las etapas de la historia.

“Yo le pido a Dios que nos siga dando la esperanza de una reforma interior, de una conversión, para que entonces los católicos seamos conocidos como gente de valores cristianos que ayudemos a construir sociedades que promuevan más la dignidad de las personas”.

Mons. García Siller denunció que últimamente ha habido también una especie de persecución religiosa, pues cada vez está más limitada la libertad religiosa, no solo para los católicos, sino para todas las religiones a las que el gobierno pretende controlar.

Finalmente, el arzobispo pidió a los fieles católicos de Guadalajara, orar por la diócesis de San Antonio y sus necesidades.

Los chicos DACA

Respecto al programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), dijo que en esta situación de jovencitos que llegaron a los Estados Unidos en la infancia, no solo hay latinos sino también hay muchachos asiáticos, africanos y de diferentes continentes, aunque la mayoría son hijos de latinos-hispanos cuyos padres migrantes los llevaron siendo pequeños y que han crecido en los Estados Unidos. “La mayoría de ellos tienen un sentido religioso y muchos de ellos son católicos a los que ahora se les cierran las posibilidades. Ellos son gente crecida allá, pero en los últimos años la administración actual se ha pronunciado a favor de cerrar ese programa.

“La situación va más allá porque son gente con familia, con amistades, a quienes pretende enviarles solos a sus países de origen. Muchos de ellos ni siquiera han estado en su país, por ejemplo en México, desde que salieron de acá siendo muy pequeños. Lo que se les quiere hacer es una injusticia. Ellos están aportando, están en universidades.

“Es gente joven que no se sabe más que americana aunque no tenga los papeles. Entonces, esta es una decisión irracional, porque es gente hecha allá. No tiene sentido”.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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