Home / Iglesia Universal / Un tapatío, misionero en el Amazonas
La primera de las enseñanzas es que todo está en relación, todo está interconectado. Los hombres fuimos hechos del barro, por tanto, pertenecemos a esta creación y somos llamados por Dios

Un tapatío, misionero en el Amazonas

Pbro. Gustavo Alexis Márquez

El Padre Martín Mejía es sacerdote misionero xaveriano desde el 2007 y actualmente presta su servicio misionero en la Prelatura de Xingú, en el estado de Pará, cuya capital es Belem en Brasil; ahí al servicio de los más necesitados ha estado durante 11 años. Mientras realiza un estudio de posgrado en Teología Pastoral en el CEBITEPAL (Centro Bíblico Teológico Pastoral para América Latina y el Caribe) en Colombia, y justo cuando se llevan adelante los trabajos del Sínodo convocado por el Papa Francisco para tratar sobre la Amazonía, hemos tenido oportunidad de entrevistarlo y conversar sobre su experiencia misionera en aquellos lares.

Padre Martín ¿dónde está el origen de su vocación misionera?

Mis raíces se encuentran en la Parroquia de San Juan Bautista, Lomas de Tabachines en Zapopan; ahí en dicha parroquia participé del grupo juvenil donde realizaban su apostolado seminaristas xaverianos y así empezó en mi la inquietud vocacional. Esto lo comenté con el Padre José María (vicario parroquial) quien me sugirió hacer un discernimiento vocacional en el preseminario; lo hice y sentí el llamado, pero al sacerdocio en la misión. Por eso decidí ser xaveriano.

¿Qué es la Amazonía? ¿Cómo explicarla con palabras sencillas?

La Amazonía es un pulmón de nuestro planeta; hablamos de una extensión territorial de más de 7 millones km2 que engloba a 7 países de América del Sur: Brasil, la Guayana Francesa, la Guayana Inglesa, Surinam (antes la Guayana Holandesa), Colombia, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Y de este territorio tan basto de casi de más de 7 millones y metros cuadrados, Brasil tiene el mayor porcentaje con casi 5,5 millones de km2. En la Amazonía se concentra la 5ta parte de agua dulce del mundo. Es una región rica en vegetación y en minerales, que desafortunadamente han sido sobre explotados y han causado gran devastación. Actualmente se están haciendo estudios biológicos en plantas antes no estudiadas y han encontrado grandes propiedades en ellas para la medicina moderna, por cierto, propiedades que los grupos aborígenes conocen bien.

¿Cuál es la experiencia de ser Iglesia en la Amazonía?

Es un verdadero reto. Quiero iniciar hablando de la realidad que vivimos; mi parroquia está a mil km al sur de Belém, la capital del estado. La Prelatura de Xingú probablemente es la circunscripción eclesiástica más grande del mundo con más de 365 mil km2. Trabajan en esa prelatura sólo 28 sacerdotes, de los cuales son 8 del clero local y 20 misioneros; de ellos 15 son sacerdotes extranjeros y 5 de otras diócesis de Brasil. En esta prelatura viven medio

La Iglesia en la Amazonía, “fue pionera en dejarse entusiasmar por el Espíritu del Concilio Vaticano II. Medellín (1968) intentó “latinoamericanizar” las constituciones y decretos de aquel evento histórico, el Encuentro de los Obispos de la Amazonía en Santarém buscó amazonizar a Medellín. Desde 1954 los obispos de la Amazonía se reunieron periódicamente, pero el Documento de Santarém engendró una nueva primavera para toda la Amazonía. Los obispos hablaron de “una Iglesia con rostro amazónico”. Se dejaron inspirar por la palabra del Papa Pablo VI “Cristo apunta a la Amazonía”.   Mons. Erwin Kräutler, Obispo emérito de Xingú.

millón de habitantes, pero dispersos en un amplio margen de territorio; hay comunidades a las que solo se llega en vehículo todo terreno y en tiempo de lluvias, es imposible llegar; están también las comunidades “rivereñas” que son aquellas que están al margen del río Amazonas y a las que sólo se llega por embarcación. Además, en el último censo se evidenció que los católicos en la Amazonía son apenas el 48% de la población.

Mi parroquia se llama Santa Rita de Casia, ubicada en el municipio de Ourilândia do Norte, que tiene 30 comunidades rurales de cerca de 5,000 habitantes, la más distante está a 110 km de distancia, pero hay parroquias que tienen comunidades a 230 km de distancia de la parroquia. Algo muy común son los caseríos dispersos en los campos de cultivo, alejados unos de otros que construyeron sus capillas en algún punto estratégico y ahí se reúnen para celebrar la fe una vez a la semana.

Además, están asentados en esta zona de la Prelatura 9 pueblos originarios, que tienen sus propias costumbres y tradiciones. Pueblos incluso donde el trabajo pastoral es de presencia en medio de ellos, pero no de difusión de la fe. Por decir un ejemplo, en un pueblo originario hay un sacerdote xaveriano trabajando hace cerca de 10 años y no ha habido un solo bautismo. Porque no se trata de bautizar o aumentar el número de creyentes, sino que acercarles el Evangelio, incluso respetando sus propios tiempos.

Y ¿hasta esos lugares y distancias llega el sacerdote a celebrar la Eucaristía?

Las distancias largas y a veces caminos inaccesibles, hacen que sea difícil llegar frecuentemente. Debo decir que el 70% de las celebraciones dominicales en la Amazonía son realizadas por los laicos, esto nos puede mostrar que lo escases de sacerdotes, lo difícil de los caminos y las largas distancias hacen imposible que el sacerdote pueda celebrar la Misa cada semana. En algunas comunidades, las más grandes, celebramos una vez al mes, y el resto de los domingos los laicos hacen la celebración dominical de la Palabra.  Hay comunidades donde se celebra cada 2 años. Por esta razón, la participación de los laicos es fundamental. Ellos llevan adelante la vida de la Iglesia.

¿Cómo responde la Iglesia a los retos que la Amazonía le presenta?

Cada 5 años se realiza en la Prelatura una “Asamblea del Pueblo de Dios” donde se estudian los desafíos que se van presentando y cómo debemos responder como Iglesia. Los actores de la evangelización del Amazonas son los laicos, ellos llevan adelante la fe de estas regiones. En la última “Asamblea del Pueblo de Dios” se concluyeron las prioridades del trabajo pastoral: los pueblos originarios, el medio ambiente, las familias y la juventud.

Estas prioridades surgen por la realidad que vivimos. Hay una fuerte crisis en la devastación del medio ambiente y la sobreexplotación de la tierra; la Iglesia tiene que responder a estas situaciones porque a ningún ‘poderoso’ ni político le interesa.

¿Cómo se organiza la Iglesia para la obra de evangelización?

Una pregunta maravillosa. Ya que no hay tantos sacerdotes ni modo de llegar fácilmente a las comunidades, los laicos son los principales agentes de evangelización. Por eso la Iglesia se preocupa por la formación de los laicos. Ellos son el eje fundamental de la evangelización. Por esa razón también son fundamentales las reuniones de cada 5 años a nivel prelatura.

En las comunidades procuramos que se viva en una actitud sinodal, donde es un equipo y no una persona quien encabeza la experiencia de fe; el equipo coordinador de la comunidad está conformado por el catequista, el coordinador y el ministro extraordinario de la Eucaristía, además de algún otro agente.

Y respecto a lo que nos mencionaba de sobrexplotación ¿qué nos puede comentar de este asunto?

Por los años 70, hubo un programa del gobierno de Brasil, donde se impulsó que se poblara la Amazonía. Así algunas familias llegaron a aquellas grandes regiones de tierra, lugares inhóspitos, sin algún servicio básico. La idea era que aquella tierra fuera aprovechada y poblada; y así fue al inicio. Pero conforme pasó el tiempo llegaron no sólo familias sino compañías con intereses económicos desmedidos.

Respecto a la colonización de la Amazonía   Muchos de los pioneros, sujetos a las más diversas enfermedades, como la malaria, el agotamiento físico, sin asistencia médica, sin escuela, sin caminos vecinales transitables para sacar el producto, se desanimaron y vendieron a precio ínfimo su lote a hacendados que concentraron así tierras con título de propiedad, degradando a los pequeños campesinos a la condición de peones, de agregados o haciéndolos trabajar “a medias” en los lotes de los cuales hasta hace poco eran dueños con título definitivo. Los lotes familiares de 100 hectáreas disminuyeron y cedieron lugar a grandes haciendas. El dinero obtenido por la venta del lote dio para sostener a la familia sólo por poco tiempo. Algunos, de repente sin nada más, intentaron probar suerte buscando oro. Si no encontraron oro, la malaria la encontraron con certeza. Como consecuencia de las enfermedades, muchos murieron “de muerte segura”, otros tantos, por la violencia que reina en los lugares donde se busca oro. No hay estadísticas. Mons. Erwin Kräutler, Obispo emérito de Xingú.  

Primero la explotación de la madera, con un doble fin: tener madera y con los terrenos desmontados con la tala inmoderada vino la siguiente explotación, la ganadería. Se talaba para tener grandes extensiones de tierra para el ganado.  

Actualmente la crisis la provocan las grandes trasnacionales mineras, que no respetan ni la tierra ni el equilibrio ecológico. Los pueblos viven de la tierra y ellos llegan y como necesitan de grandes cantidades de electricidad han construido presas hidroeléctricas pero han alterado el orden natural del medio ambiente al alterar los cauces de los ríos; además han ensuciado los ríos con los desechos de las minas, por ejemplo para la producción del oro se requieren grandes cantidades de mercurio que se utiliza para depurar el oro; pero este mercurio luego termina en los ríos, de donde la gente bebe agua, de donde la gente extrae su alimento.

En este sentido toma importancia el Sínodo convocado por el Papa Francisco ¿Qué esperan los creyentes de la Amazonía del Sínodo celebrado en Roma?

El Sínodo de la Amazonía tiene una gran importancia para nosotros, porque es un llamado de la Iglesia al cuidado de la casa común. Desde 1972 en ciudad de Santarém los Obispos de la Amazonía se reunieron para reflexionar sobre los retos que la Iglesia tiene en esta área; entonces el Papa Pablo VI los animaba diciendo “Cristo apunta para la Amazonía”. Un antecedente importante del actual Sínodo.

Amazonía quiere que su voz sea escuchada en la Iglesia. Algunos Obispos de la Amazonía han renovado el “Pacto de las Catacumbas”, rememorando el gesto que don Helder Cámara, Arzobispo de Olinda y Recife de Brasil, hiciera durante los trabajos del Vaticano II, de modo que el mensaje de este signo es el compromiso de la Iglesia por los intereses de los creyentes de la Amazonía, pobres entre los pobres.

¿Qué le enseña la Amazonía a la Iglesia?

La primera de las enseñanzas es que todo está en relación, todo está interconectado. Los hombres fuimos hechos del barro, por tanto, pertenecemos a esta creación y somos llamados por Dios para cuidar de eso que Dios ha hecho con tanto cariño para toda la humanidad; de ahí la gran responsabilidad que tenemos.

También, la Iglesia de la Amazonía ha aprendido a ser una Iglesia “pobre para los pobres, una Iglesia servidora, una Iglesia samaritana”; ha aprendido a ser como una madre que se preocupa por sus hijos, ha aprendido a ser una Iglesia profética que sabe leer las señales de los tiempos que anuncia la creación como don de Dios y denuncia con el testimonio del martirio los abusos a esa tierra. La Amazonía se presenta como la “casa común” que grita, que gime, como dice San Pablo (Rm 8, 22).

Finalmente, para el sacerdote misionero ¿Qué reto le implica el trabajar en el Amazonas?

El primero es lo difícil y lejano de las comunidades. Es un reto personal fuerte. Para ir a ver a mi obispo requiero de 24 horas de camino, para andar en todoterreno un poco más de 1,000 km. De hecho, la Misa Crismal nosotros la celebramos en la semana de Pascua, junto a la formación permanente de los presbíteros de la Prelatura. De modo que nuestro ser sacerdotal se enfrenta primero a las condiciones del terreno.

Lo segundo es que no abarcamos todo, de modo que nos toca ser animadores de los laicos para que asuman su misión, que de hecho ya la realizan muy bien.

Y algo más, tenemos que romper esquemas mentales donde todo se piensa que es igual o del mismo modo. La misión siempre es novedad y adaptación. La Amazonía es un reto para cualquiera que la habita y por tanto un reto para la Iglesia que ama esa tierra y su gente.

El Padre Martín está en los trabajos finales de su tesis de posgrado. Hablar de la Amazonía le pinta el rostro, le emociona, le apasiona (quizá tanto como hablar de Guadalajara, su ciudad), aunque a momentos también le pone también reflexivo. Ama su vocación y las personas con las que la comparte. El suyo, es un testimonio vivo, en las condiciones más duras y las circunstancias más adversas, de la presencia de la Iglesia en medio de su pueblo.

Acerca de admin

Revisa También

Una sola iglesia expresada en múltiples ritos

Aunque en toda la Iglesia Católica celebramos un único Misterio pascual, que es la Resurrección …

Un comentario

  1. El padre Martín en una persona maravillosa tanto como persona como sacerdote y como ser humano Dios lo bendiga y ayude a ser cada día mejor.