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Lo dulce y lo salado

Pbro. Armando González Escoto

Llama la atención el que Jesús nunca haya usado en su predicación los términos “dulce” o el elemento “azúcar”. Si en cambio luz, sal, fuego y aún violencia.

Bajo el término de lo dulce, en ámbito religioso, se pueden cobijar conceptos como resignación, consolación, confort, comodidad, descanso, reposo, sueño, ilusión, y otros más relacionados con la ausencia de problemas; la vida apacible y el contento. La sal en cambio se vincula con el sabor fuerte, la energía, el dinamismo, la depuración, el entusiasmo.

Parece pues que el Señor Jesús no privilegió lo dulce como parte de sus enseñanzas y sí lo salado, por la sencilla razón de que el anuncio del Reino de Dios exige más de esfuerzo que de dulzuras.

No obstante, en el desarrollo de la vida de la Iglesia, muchas veces lo “dulce” se ha incorporado a la piedad cristiana lo mismo en oraciones que en cantos, títulos o nomenclaturas favoreciendo sin duda una religiosidad de consuelo más que de acción transformadora. Es también sintomático que esta incorporación de lo dulce se haya dado en épocas de aparente triunfo de la fe, que ya no tendría otra cosa qué hacer que gozar de las dulzuras de la victoria, o en épocas de aparente impotencia ante los retos de la realidad, lo que llevaría a los creyentes a una especie de refugio, lejos de un mundo agresivo.

Aunque en la Diócesis de Guadalajara la reflexión teológica sobre su propia identidad ha sido siempre muy débil y casi imperceptible, los hechos históricos y teológicos sobre los cuales se podría reflexionar son muchos y muy variados, ahí están en espera de un trabajo eclesial que nos ayude a identificar lo dulce y lo salado a lo largo de nuestra historia, y su pervivencia. Este esfuerzo sería de enorme importancia, por ejemplo, a la hora de hacer un plan de pastoral, pero también a la hora de comprender el espíritu del catolicismo regional, muy impregnado de esta sal, más que de las piedades edulcoradas.

En el año 2021 se cumplirá el segundo centenario de la declaración de Nuestra Señora de Zapopan como Generala del Ejército Insurgente de la Nueva Galicia ¿Se le podía haber dado mejor título, en vísperas de una época de más de cien años en que la comunidad católica sería tan terriblemente perseguida? ¿Cómo explicarnos que ese título sea hasta el presente el que la gente más usa para saludar y aclamar a esta venerable advocación?

Sin duda que el título, sostenido por ya casi doscientos años, expresa el carácter batallador de nuestra Iglesia Diocesana, su capacidad de enfrentar los retos de los tiempos, su renuencia a someterse, su empeño a mantenerse siempre de pie, a mirar de frente sin doblegarse, es decir, una espiritualidad mariana y cristiana, establecida sobre la enseñanza de Jesús en lo que mira a las actitudes, a ser sal de la tierra, no azúcar, toda una enseñanza que viene desde la comunidad y en ella se conserva.

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