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¿Me siento atraído por Dios y me gusta ser instruido y moldeado por Él?

Desarrollo Espiritual,

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C, 25 de Agosto de 2019.

Dios quiere que todos nos salvemos, pero que aceptemos su corrección y nos esforcemos por sanar

Pbro. Sergio Arturo Gómez Martínez / Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Isaías 66, 18-21: El libro de Isaías termina con una visión grandiosa: Dios se dará a conocer a todo el mundo y reunirá a los habitantes de todas las naciones para formar solo pueblo santo… Todos seremos hermanos al fin…

Salmo 116: Debemos dar a conocer las maravillas de Dios a todas las naciones, hablarles de su amor y su verdad, para que le puedan dar culto…

Hebreos 12, 5-7. 11-13: Se nos presenta a Dios como un buen Padre que exhorta y reprende a sus hijos… Quienes acepten su corrección obtendrán frutos de paz y rectitud… Por eso, para sanar cada día más, hemos de caminar por caminos llanos, fortalecernos y no dejarnos vencer por el cansancio…

Lucas 13, 22-30: Dos ideas importantes:

1.     Para salvarse es necesario que nos esforcemos para entrar por la puerta estrecha… y

2.     No podemos suponer que seremos los únicos salvados, ya que otros vendrán de lejos y serán admitidos en el Reino (y podríamos ser echados fuera ya que ocuparán nuestros lugares)…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

Jesús va “camino a Jerusalén” y alguien le pregunta por el número de los que se salvan… Era una pregunta curiosa, pero no comprometida, formulada por una persona que sólo quería información: “¿son pocos los que se salvan?”… El Maestro habla más bien del esfuerzo y compromiso que hemos de realizar para entrar por la puerta estrecha de la salvación, de que debemos cumplir su Palabra y del peligro de confundir nuestra cercanía con Él con un privilegio… Porque pueden venir otros y ocupar nuestros lugares “a la mesa en el Reino de Dios”…

De nada nos sirve saber si son muchos o pocos los que se van al Cielo después de esta vida, lo que sí importa es que nos responsabilicemos de nuestros actos ante el Dios que se preocupa por instruirnos y corregirnos… Por eso la segunda lectura nos recuerda que nuestro Padre nos instruye y corrige y desea que caminemos seguros por sus sendas…

A algunas personas (y  a primera vista) les podría parecer escandalosa la imagen de un Dios exigente, que corrige y castiga, y que hasta ha puesto una puerta estrecha a la entrada del cielo… Pero, si la vida no es fácil, ¿por qué habríamos de suponer que el seguimiento de Jesús debía ser sencillo?

Parece haber dos mensajes “contradictorios” en la Palabra de hoy:

1.     La segunda lectura y la primera parte del Evangelio nos dicen, como ya reflexionamos más arriba, que Dios es exigente y quiere que nos esforcemos por entrar a su Reino…

2.     La primera lectura, el salmo y el final del Evangelio contraponen: Dios quiere invitar a todos a una fiesta…

Algún católico despistado podría decir: “la Iglesia es esta comunidad festiva y cultual formada por personas de toda raza, lengua y nación”, y podría sentirse seguro y salvado… Pero, lo irónico, aparece al final del Evangelio, cuando Lucas parece recordarnos: “otro pueblo antes que tú (Israel) ya perdió la salvación, cuídate de no perderla tú también”…

Pero no hay contradicción sino complementariedad… Despabilémonos, entremos en la dinámica de Dios:

1.     Nos invitó, no le importó nuestro origen o condición,

2.     Una vez que ya estamos aquí hemos de dejarnos moldear por Él y procurar parecernos a Él: Hacernos abiertos a los demás y ayudarle a invitar a más y más personas a seguirlo con responsabilidad…

3.     La invitación seguirá vigente para otros conmigo o sin mí… Debo tener claro que en el Reino de Dios yo no soy influyente, pues los privilegiados son los pobres, los marginalizados, los alejados… Ellos son invitados y yo puedo quedarme fuera…

Finalmente, preguntémonos: ¿Quiero dar un paso más en mi “camino” para acerarme más a Dios y a mis prójimos? ¿Me doy cuenta que la puerta estrecha es el mismo Señor Jesús (Jn 10, 9) y su estilo de vivir y de morir?

PARA ESTA SEMANA TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS:

¿Qué debo dejar para entrar por la puerta estrecha?

1.     Responde, por escrito, a las siguientes preguntas:

¿Me siento lejos o cerca de Dios? ¿Escucho su llamado a acercarme más cada vez para celebrar una fiesta con Él?

¿Para qué quiero estar “cerca” de Dios?

Cuando Dios me invite a sentarme a su mesa en su Reino, ¿quiero estar rodeado sólo de mis familiares y amigos o también de los pobres, migrantes, ancianos, enfermos, etc.?

¿Qué me estorba (y debo dejar) para poder entrar por la puerta estrecha?

2.     En tu oración de esta semana, ve repitiendo con Miguel de Unamuno:

“Agranda la puerta, Padre,

porque no puedo pasar.

La hiciste para los niños,

yo he crecido, a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,

achícame, por piedad;

vuélveme a la edad aquella

en que vivir es soñar.”

Y escribe tu propia oración para pedirle al Señor fuerza para despojarte de lo que te estorba para caber por la puerta estrecha a su Reino…

(Si esta ficha te ayuda, compártela)

Esta ficha, así como las de los domingos anteriores, la puedes encontrar en arquimediosgdl.org.mx, pestaña de “cultura y formación” y “desarrollo espiritual”.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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