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Campañas de soluciones vs campañas inservibles

Provocan hartazgo y tienen poca utilidad social. No se necesitan gorras, ni calcomanías, se necesitan soluciones viables desde la competencia de los cargos de elección que se van a disputar.

Jorge Rocha

Si paramos a alguien en la calle y le preguntamos qué recuerda de las últimas campañas electorales, seguramente contestará que nada o alguno más interesado responderá que algunas frases como “la mafia del poder” o “es un peligro para México”, quizá a más de alguno le viene a la cabeza el jingle de un partido o los apodos que se pusieron entre los propios candidatos, pero siendo sinceros, para la gran mayoría de las y los ciudadanos del Estado y del país, las campañas políticas no tienen ningún significado y la sensación que dejan, es que es un tiempo de saturación de mensajes, algunos más melosos que otros, algunos más ingeniosos que otros, pero que no representan ninguna novedad ni ningún aprendizaje sobre lo que es la democracia, ni la representación y mucho menos la deliberación pública, es decir, la utilidad social de las campañas electorales está en tela de juicio.

En todos los escaparates

Desde el domingo 4 de abril empezamos a ver en los televisores de nuestros hogares una multitud de spots de todos los partidos políticos que dicen que nos resolverán la vida y que sus adversarios son lo peor que le pudo pasar al país. Veremos mensajes maniqueos que intentarán polarizar aún más a la opinión pública. En las calles habrá reparto de gorras, banderas, mantas, paraguas, playeras, botes de agua, paliacates y ahora hasta cubrebocas con los colores y nombres de partidos y candidatos. Por supuesto que habrá autos con calcas que muestren su preferencia electoral y algunos vidrios se convertirán en un muestrario de mensajes de todos los partidos políticos, por aquello de que hay personas muy plurales políticamente.

Por supuesto que más de alguno pensará que el dinero invertido en las campañas tendría un mejor uso si fuera destinado para la reactivación económica del país en medio de los estragos que ha dejado la pandemia, otros podrían sugerir que esos recursos, utilizados en comprar dispositivos electrónicos para que las niñas y los niños tomen sus clases a distancia, sería la mejor forma de gastar ese dinero.

Lo cierto es que urge un cambio

Todavía hay mercadólogos políticos que insisten que las campañas son capaces de cambiar la realidad política y que la estrategia central que debe conducir a los candidatos es el contraste entre actores políticos; para otros, la fórmula fundamental para ganar una elección es generar una relación de clientelismo político con los votantes. Sin dejar de asumir que estas formas de proceder desafortunadamente funcionan en alguna medida, el último proceso electoral (2018) nos mostró que las campañas electorales no sirvieron de nada, que no modificaron las tendencias que venían de meses atrás y que la ciudadanía ve las campañas con mayor escepticismo e incredulidad.

Hace tres años quedó claro el diagnóstico social: la imperiosa necesidad del cambio. Hoy, desde mi particular punto de vista, este clamor sigue presente y lo que la mayor parte de los ciudadanos espera, es el planteamiento de soluciones viables a las principales demandas de la sociedad (seguridad, salud, economía y agua).

No se necesitan ni jingles, ni gorras, ni calcas… se necesitan soluciones viables desde la competencia de los cargos de elección que se van a disputar.

Si las y los candidatos a puestos de elección popular no logran establecer un diálogo con la ciudadanía desde la clave del discernimiento de consensar las mejores soluciones para los problemas sociales más acuciantes que vivimos, entonces estas campañas, como otras más, estarán condenadas a ser un intrascendente episodio de nuestra vida social y al innecesario dispendio de recursos que podrían ser utilizados para resolver necesidades más apremiantes.

Cada vez está más claro que el modelo de comunicación política que se implementa en las campañas electorales mexicanas está agotado, al menos para lo que se supone debe funcionar: generar una civilizada deliberación pública y fortalecer la democracia.

Posdata

El lamentable incendio en El Bosque de la Primavera nos volvió a recordar de la fragilidad en la que se encuentran nuestras zonas boscosas, que, en medio de una temporada de sequía, tendría que ser una prioridad su cuidado y mantenimiento. Como cada evento de este tipo, nos lamentamos, volvemos a decir que es una agenda muy importante y luego no pasa nada.

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