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Conmemoraciones

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El gobierno de la Ciudad de México, auspiciado por las autoridades federales, está celebrando este año 2021 los 700 años de la fundación de la Gran Tenochtitlán, no con el reloj de la crónica sino de la política, y los 500 años de su caída a manos de las fuerzas aliadas de pueblos nativos con los españoles.

Dentro de los festejos, el gobierno encabezado por la Sra. Sheinbaum ha rebautizado el Árbol de la Noche Triste ubicado en la Calzada México Tacuba, donde, según las crónicas de Bernal Díaz del Castillo y Francisco López de Gómora, el conquistador Hernán Cortés hizo duelo sobre los muertos españoles y tlaxcaltecas, sus valiosos aliados, y las pérdidas materiales que supuso la victoria de los aztecas al defender su ciudad imperial. De este año en adelante ya se llamará aquel lugar la “Plaza de la Noche Victoriosa” y, para hacer constar, se lee en la placa conmemorativa: «En homenaje a la completa gloria de los valerosos mexicanos que obligaron a huir a los perpetradores de la masacre del Templo Mayor sobre danzantes desarmados la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520, y a las generaciones que mantuvieron en la memoria popular el recuerdo de aquella victoria».

El Presidente de la República, a su vez, también cambió el nombre del día de la Caída de Tenochtitlán al del día de la Resistencia Indígena, subrayando la ya mencionada petición de perdón de la casa real de España por las atrocidades cometidas durante la conquista.

Esta forma de conmemoración de acontecimientos históricos tiene todo un trasfondo ideológico y político, que puede ser muy dañino para la integración de todos los mexicanos en un proyecto común de nación democrática y civilizada.

Pareciera que se pretende ideológicamente imponer una división entre los mexicanos actuales: aquellos que descienden de los indígenas o de los españoles y son de cierta clase social y color de piel; lo que supone también una afiliación política, pues los pobres y morenos, descendientes de los valerosos indígenas, son los que están con el partido en el poder, mientras los ricos y blancos son los conservadores, fifís, descendientes de españoles, pasando de largo que el actual México es la mezcla o mestizaje de razas y culturas. Nuestra riquísima cultura es el fruto de la convivencia de distintas etnias indígenas, españoles, otros europeos, filipinos, chinos, judíos, libaneses y un larguísimo etcétera.

Este tipo de aniversarios deberían ser, más bien, una buena oportunidad para revisar la historia con toda objetividad a fin de buscar una mayor integración de los diversos actores actuales herederos de un pasado común, de forma que se evite toda lectura maniquea donde la balanza se mueve para un radicalismo ideológico o para el otro.

Los mexicanos actuales vivimos en un país que se ha venido construyendo con el esfuerzo de integración, como un bello mosaico de las variadas etnias, la riqueza lingüística, la sinfonía cultural, los diferentes credos religiosos. No vale la pena recurrir al pasado para dividir.

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