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El dengue

Pbro. Armando González Escoto

¿Ha usted, o alguno de sus familiares o vecinos, sufrido el dengue? Si es así, sabrá ya todo lo que significa para la salud de las personas contraer esta enfermedad. Desde luego el sufrimiento que origina la fiebre y el dolor, la anemia que debilita su organismo y lo pone en riesgo de sufrir otros diversos males; las náuseas, la fragilidad de las articulaciones que le puede causar lesiones severas aun sin moverse; la debilidad general, la incapacitación para desarrollar su trabajo, la posibilidad de que ese virus le origine hemorragias fatales; la saturación de las clínicas y servicios públicos que le lleva a buscar la atención privada y cara; los daños colaterales en su familia; todo eso y más, a causa de una epidemia que se pudo evitar.

En efecto, ésta y muchas otras epidemias pueden evitarse, para ello pagamos impuestos, para que el gobierno, a través de sus organismos, no solamente posea la capacidad de atender a los enfermos sino, sobre todo, tome las medidas preventivas que corresponden a este tipo de problemas.

Cada año, desde hace varios sexenios, la Secretaría de Salud se había preocupado por fumigar intensivamente las zonas de la ciudad más proclives a desarrollar esta enfermedad, de tal modo que, en vísperas del tiempo de lluvias, brigadas de dicha secretaría cumplían su misión, para ello se les asignaba un buen presupuesto, es decir, una buena cantidad de dinero, lo mismo para pagar la fumigación que a los fumigadores ¿Por qué este año no se hizo, como puede testificar innumerable cantidad de vecinos? ¿Pensaron las autoridades que al cambiar de partido en el gobierno, también los moscos cambiarían de actitud? ¿O será que no hubo presupuesto?, ¿O si lo hubo, pero se lo gastaron en otras cosas?

Cuando se presenta un problema de esta naturaleza, y las autoridades son responsables directas de ese problema, ¿Cómo se debe proceder?, ¿Quiénes deben pedir cuentas?, ¿los diputados?, ¿el Poder Judicial?, ¿los observatorios ciudadanos?, ¿las agrupaciones de médicos?, ¿la propia ciudadanía?

Mientras se averigua, los responsables gozan alegremente de impunidad; a fin de cuentas, nadie va a pedir cuentas a nadie; ni habrá tampoco quién levante la voz en favor de todas esas miles de personas seriamente afectadas por la epidemia; en eso radica precisamente el atractivo de ejercer en México un puesto público, haga lo que haga el funcionario, y sobre todo si no hace nada, no va a pasarle nada, ellos siguen recibiendo sus jugosos salarios mientras la gente se amontona en las clínicas de  salud en espera de ser atendida, en las peores condiciones y con el temor de que les den el diagnóstico pero no su respectivo paracetamol, ‘porque, sabe, ya se nos acabó’.

Una vez más constatamos hasta dónde podemos caer, cuando somos incapaces de organizarnos para, por lo menos, defendernos y saber reclamar cuando la autoridad no cumple con sus obligaciones, tal vez, precisamente, porque tampoco nosotros cumplimos con las nuestras.

Acerca de Hugo Rodríguez

Reportero y Community Manager en Arquimedios Guadalajara. | Ciencias de la Comunicación y Administración de la Mercadotecnia. | Periodismo Deportivo. | Locutor en Valora Radio y Radio María. | Reportero y Columnista en TR Fútbol.

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