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Estación cero… Jesús frente al clericalismo judío

Pbro. Armando González Escoto

El adjetivo “clericalismo” se acuñó en Francia durante el siglo XVIII, pero el fenómeno es tan antiguo como cualquier religión, donde el liderazgo religioso acabe asumiendo una acción prepotente, elitista y excluyente.

Con este adjetivo se quiere señalar una estructura que de origen o por desviación, produce dos mundos separados dentro de un mismo cosmos religioso, por un lado el de los líderes, por el otro el de los fieles.

En Israel se daba un acusado “clericalismo” que, no obstante, incluía una élite no sacerdotal, pero igualmente cerrada, constituida por fariseos y saduceos, miembros todos de la aristocracia judía. Su expresión estructural y visible era el sanedrín, liderado por el sumo sacerdote.

Quienes formaban parte de este grupo se afanaban en hacérselo saber a todo mundo por medio de las vestiduras que usaban, a las que, según testimonio del Evangelio, ensanchaban las filacterias para que se notara todavía más su pertenencia elitista. Gustaban, así mismo, de dar y recibir títulos honoríficos que luego presumían a placer.

El mundo clerical judío no era solamente diferente al mundo del pueblo, sino que se pretendía superior en saber, en poder y hasta en santidad, y, como se la creían, mostraban su suficiencia en toda circunstancia. La gente que no formaba parte de esas elevadas cumbres, se miraba simplemente como pueblo y -en el peor de los casos- como publicana, es decir, pública pecadora, y por lo mismo, más proscrita y rechazada. Había pues dos mundos separados, diferenciados, prejuiciosamente desiguales, y este hecho confirma la realidad de ese clericalismo judío.

También en la cristiandad se han dado fenómenos clericales de mayor o menor intensidad y duración, constituyen una tendencia humana directamente vinculada con diversas patologías mentales, pero no por eso justificables, pues el daño que generan sigue siendo el mismo.

El clericalismo en sede cristiana se ha dado lo mismo en las actitudes, que desde luego en las estructuras y en los estilos. En la medida que el liderazgo religioso se aísla de la comunidad seglar, que crea su propio ambiente, que jamás transparenta sus trabajos, acuerdos y decisiones, que hace de la información privada una forma de poder, que negocia cupularmente sin aviso, ni involucramiento de la comunidad, que se afana en aparentar las diferencias y mantener la desigualdad, que suplanta la conciencia de los fieles con el argumento de que solamente los líderes saben lo que conviene a la cristiandad, en esa medida puede valorarse el grado de clericalismo que se ha dado o que subyace, aún hoy, en la vida de las comunidades cristianas.

Jesús, en su persona, en su forma de vestir y de tratar a la gente, en su forma de hablar y de hacer comunidad, no solamente estuvo lejos del clericalismo, sino que lo descalificó de manera abierta una y otra vez; al final de su vida debió enfrentarlo y padecerlo en ese momento, y en todas las etapas en que muchos de sus mismos seguidores lo habrían de reproducir.

armando.gon@univa.mx

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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