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Nuestra vida, una peregrinación hacia Cristo

Artículo Editorial Semanario #1184

Con la llevada de la Virgen a su Santuario, en Zapopan, celebramos 30 años de su patronazgo en la Arquidiócesis de Guadalajara. Una imagen y un santuario, declarado ya como patrimonio intangible de la humanidad.

Así, se ha convertido,  mucho más allá de sus fronteras, en un lugar de paz y de unidad reconciliada. En esta gran peregrinación de varios siglos, nos detenemos ante la Madre del Señor y le imploramos: Madre de Misericordia, alcánzanos la paz.

Nuestra fe se opone decididamente a la resignación que considera al hombre incapaz de la paz, como si esta fuera demasiado grande para él. La resignación ante la violencia, es el núcleo de la crisis de México.

Decimos a la Virgen de Zapopan, muéstranos madre, a nosotros, peregrinos, a Aquel que es al mismo tiempo el camino y la meta: la verdad y la vida. Peregrinar significa caminar hacia una meta. Esa meta es la paz. Con la Virgen experimentamos la bondad consoladora de la Madre; aquí encontramos a Jesucristo, en quien Dios está con nosotros como afirma el pasaje evangélico refiriéndose a Jesús, donde el profeta Miqueas dice: “él será la paz” (cf. Mi 5, 4).

Nos fiamos del amor maternal, y le decimos también madre de misericordia, muéstranos a Cristo. Por el hecho de que el cristianismo es don de misericordia, que implica una gran fuerza moral, que hoy necesitamos tanto ante los desafíos de nuestro tiempo. Si con Jesucristo y con su Iglesia volvemos a leer de manera siempre nueva el Decálogo del Sinaí, penetrando en sus profundidades, entonces se nos revela como una gran enseñanza, siempre válida.

Para la iglesia en México, el Decálogo es ante todo un “sí” a Dios, a un Dios que nos ama y nos guía, que nos sostiene y que, sin embargo, nos deja nuestra libertad, y la transforma en verdadera libertad (los primeros tres mandamientos). Es un “sí” a la familia (cuarto mandamiento); un “sí” a la vida (quinto mandamiento); un “sí” a un amor responsable (sexto mandamiento); un “sí” a la solidaridad, a la responsabilidad social y a la justicia (séptimo mandamiento); un “sí” a la verdad (octavo mandamiento); y un “sí” al respeto del prójimo y a lo que le pertenece (noveno y décimo mandamientos). En virtud de la fuerza podemos construir la paz que tanto necesitamos. Con el Dios vivo, vivimos este múltiple “sí” y, al mismo tiempo, lo llevamos como señal del camino en esta hora de México. “Alcánzanos la paz”. Con esta petición a la Madre del Señor nos hemos puesto en camino hacia este lugar patrimonial en Zapopan. Esta misma petición nos acompañará en nuestra vida cotidiana. Y sabemos que María escucha nuestra oración. En cualquier momento, cuando miramos a María, ella nos muestra a Jesús, el Señor de la Paz, para encontrar el camino recto, seguirlo paso a paso, con la alegre confianza del peregrino, en ese camino que lleva a la luz, al gozo del Amor de Dios.

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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