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Pastoral & Cultura: Nuestro patrimonio. Retos y desafíos

Pbro. Armando González Escoto

Pbro. Armando González Escoto

Hasta el año de 1734 el temporal fue siempre muy temido, de forma que la relación entre la comunidad y el clima era tensa. Traer la imagen de la Virgen de Zapopan modificó esta relación, y convirtió en tardes de fiesta y regocijo lo que antes eran tardes de tormenta y angustia. Seguía lloviendo, con la misma fuerza, pero la actitud había cambiado; ahora podría hasta pensarse que entre los beneficios que traían las aguas, estaba la venida de la Virgen que hacía olvidar los estragos anuales, promoviendo el que se enfrentaran con más éxito. Desde aquellos años la Virgen será la patrona de Aguas, y como el 13 de junio iniciaba la visita a los templos, la gente de Guadalajara dirá: “el 13 de junio comienzan las aguas, llueva o no llueva”.

Desde luego, la celebración anual de este ciclo ritual enfrenta actualmente diversos retos, el primero ha sido la modificación de su ruta tradicional que en principio se dijo sería temporal, por las obras de una Línea 3 del Tren Ligero que lleva ya seis años en construcción mezclados con largos periodos de suspensión. Esta ruta de momento interrumpida, fue creada especialmente para el desarrollo de la romería en 1952, con dinero de la ciudadanía, para ofrecer a este acontecimiento anual un espacio amplio y directo que comunicara a la ciudad con el santuario de Zapopan; pretender ahora sustituirla por una ruta sinuosa, estrecha y en algunos tramos encajonada, ha sido semejante a dejar el mejor camino por una vereda.

Algunos aspectos de la actual dinámica cultural, que tienden a cortar las raíces de las personas y de las comunidades, constituyen igualmente un reto para una celebración que promueve y logra precisamente lo contrario, es decir, mantener la identidad y el arraigo, concatenando épocas y generaciones.

El desarraigo tan promovido en el mundo contemporáneo, genera en un mismo espacio urbano un archipiélago de pequeños universos culturales ajenos unos de otros, y desde luego, por completo desinteresados de lo que se vive más allá del propio coto cultural.

Frente a una sociedad que privilegia el individualismo y el aislamiento, una celebración que congrega multitudes no dejará de experimentar la erosión de quienes van en sentido opuesto.

La secularización de la vida y el desinterés por la trascendencia y por la solidaridad, operan igualmente en contra de esta ancestral celebración.

Este ciclo ritual debe también lidiar con el fenómeno tan recurrente de quienes pensando y creyendo de distinta manera, consideran su deber desacreditar constantemente esta gran festividad, atropellando uno de los grandes valores de nuestro tiempo que es el respeto a las creencias ajenas en aras de una convivencia pacífica de todos. Esta postura negativa de algunos adquiere especial tenacidad cuando ocupan puestos de gobierno que les facilita bloquear o sabotear el evento de diversas maneras.

El desconocimiento de la tradición en su origen, trayectoria y significado es también otro problema que debe advertirse cuando se habla de los medios y recursos para la preservación de este patrimonio.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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