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¿Lección aprendida?

Pbro. Armando González Escoto

Pbro. Armando G. Escoto

Durante más de treinta años, la pastoral social ha sido una tarea abandonada o por lo menos reducida a su mínima expresión, ¿por qué entonces admirarse de que la suprema corte de justicia de la nación, así con minúsculas, decrete todo tipo de resoluciones al margen de lo que piense, sienta u opine la sociedad?

Hay varios asuntos que los cristianos no acabamos de comprender ni admitir. La moral católica ya no puede contar con el respaldo de las leyes civiles para su observación, en delante si una mujer es genuinamente cristiana no abortará, y si no lo es, tal vez aborte, como lo han hecho siempre, con o sin leyes a su favor.

Gracias a los rezagos de la acción pastoral de la Iglesia, se ha afianzado desde hace años una sociedad de pensamiento divergente al nuestro que por lo mismo no tiene por qué sujetarse a nuestra manera de pensar.

De igual manera, para quienes se quedaron en la época en que democracia significaba el gobierno de la mayoría, deberán darse cuenta que ese concepto ya es obsoleto, no necesariamente falso, y que en nuestro tiempo la democracia es el sistema que garantiza los derechos de todos los ciudadanos, incluidas las llamadas minorías.

Tampoco hemos podido enfrentar exitosamente una nueva sociedad basada en todo tipo de sofismas que no hemos sabido confrontar a causa del mundo cerrado en el que vivimos.

Por supuesto que es la mujer quien debe decidir sobre su maternidad, sólo que debe hacerlo precisamente antes de embarazarse, es decir, cuando los derechos de otra nueva vida no se han producido, pues a partir de ahí cuenta más el derecho del indefenso.

Parte de estos sofismas es también pensar que el asunto del aborto se resuelve penalizándolo, o despenalizándolo, dejando de lado toda la cuestión educativa, social, psicológica y económica que subyace detrás del problema.

Sin embargo, el tema del aborto en México y en países igualmente medio desarrollados, no se ha asumido desde la perspectiva de la objetividad, sino del apasionamiento bilateral, y lo que es peor, desde el manejo político, y si esto sucede, es justamente por la ausencia de un pensamiento político cristiano de alto nivel, y de la precariedad de la comunidad cristiana a la hora de asumir sus compromisos ciudadanos.

Los cristianos del primer siglo vivían en un mundo muy semejante al nuestro, sólo que jamás pensaron que las leyes romanas debían asumir sus conceptos morales, por el contrario, se empeñaron a fondo a convertir a la sociedad pagana, e iban de maravilla, hasta que el emperador Constantino entorpeció el proceso generando precedentes que no hemos podido todavía superar.

Y para coronar el drama, nada más patético que ver a esas buenas personas, rosario en mano, protestar afuera de la corte, cuando que el reto es la evangelización y el compromiso político cristiano. La oración en cambio, según el Evangelio, hay que hacerla en lo secreto, ahí donde te ve el Padre celestial.

armando.gon@univa.mx

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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