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Santos Nereo y Aquileo

Deseo de servir y fidelidad a Cristo

Pbro. Adrián Ramos Ruelas

Muchos han sido los que han dado testimonio de Cristo Resucitado a lo largo de la historia de la Iglesia. Ya lo decía el evangelio de San Marcos: “ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían” (Mc 16,20).

Dos de estos testigos son Nereo y Aquileo. Ellos estaban al servicio de Flavia Domitila, una de las primeras señoras de Roma, sobrina del Emperador Domiciano, fiel discípula de Jesucristo. Junto con con ella fueron enviados al destierro por proclamar su fe en el Divino Salvador. Ese destierro, afirma San Jerónimo, les sirvió de martirio.

Al igual que San Sebastián, Nereo y Aquileo servían en el ejército en tiempo de Diocleciano. El papa Dámaso afirmaba que todavía no eran cristianos al desencadenarse la persecución del año 304. Era el entusiasmo de los mártires lo que les valió el don de la fe en Jesucristo.

El Papa San Dámaso escribió la siguiente inscripción en la tumba de estos dos mártires: “Nereo y Aquileo pertenecían al ejército del emperador. Pero se negaron a cumplir ciertas órdenes que a ellos les parecían crueles.

Al convertirse al cristianismo abandonaron toda violencia y prefirieron tener que abandonar el ejército antes que ser crueles con los demás. Proclamaron su amor a Cristo en esta tierra y ahora gozan de la amistad de Cristo en la eternidad”.

Un fragmento de escultura de la basílica Ardeatina en Roma representa la ejecución de Aquileo: sobre su nombre se ve a un personaje que, atadas las manos a la espalda es decapitado por el verdugo. ¡Ojalá que, como hermanos al servicio del Imperio y hermanos en la fe para dar el testimonio a Aquel que es el único Señor, se dignen otorgarnos «su fraternal intercesión» ante Dios.

Así entregaron su vida al Señor: les cortaron la cabeza y así tuvieron la dicha de derramar su sangre por el Evangelio para entrar en la gloria del cielo. Se les celebra junto a San Pancracio el 12 de mayo de cada año.

¿Qué podemos aprender de estos dos mártires?

  1. Sus deseos de servir a Cristo y de entregar su vida por Él hasta derramar su sangre por el Evangelio.
  2. Su fortaleza y valentía al soportar el tormento del destierro durante la persecución y el sangriento martirio en la decapitación.
  3. Su fidelidad a Cristo como soldados convertidos por el testimonio de muchos hermanos suyos.

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