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¿Despenalización o despaternalización?

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

En días pasados la totalidad de los ministros de la Suprema Corte de la Nación dieron su voto en contra de la penalización del aborto, contemplado todavía en algunas de las constituciones estatales que prevén penas de cárcel hasta por tres años a quienes lo practicasen.

Las razones argüidas por los magistrados son unilaterales y simples, de modo que dejan mucho qué desear en la aplicación del principio y fundamento de todo derecho, y por ende de la misma constitución, que es el derecho a la vida. Si así interpretan la ley y así la aplican, Dios nos libre de jueces tan miopes e ideologizados.

Es cierto que las mujeres que se plantean la posibilidad misma del aborto sufren mucho tanto si deciden abortar o no. Para quienes no prevén engendrar un hijo, la sorpresa de un embarazo puede ser una situación dramática y debemos como cristianos tener una mirada de compasión y misericordia para acompañar a estas mujeres, sobre todo en el peso económico y psicológico del embarazo.

Pero no es sólo la situación de las mujeres la que debe regir la ley; un derecho se sujeta a una jerarquía de derechos pues unos son primarios y otros secundarios o de segunda, tercera o cuarta generación, como les gusta decir a los entendidos.

Los primarios son los que se desprenden de la misma naturaleza de la persona, y el primero y fundamental de ellos es el derecho a la vida. De modo que las mujeres que pretenden abortar tienen derecho sobre su cuerpo, pero no sobre el de un ser totalmente distinto a ellas. La ciencia no puede afirmar saltos cualitativos desde el momento de la concepción sino de etapas de desarrollo; se es persona desde el momento de la concepción porque se tiene ya un código genético propio, ya se es un individuo del género humano, persona, y las posibilidades mismas de desarrollo y no de transformación ontológica,  que sin interrumpir este desarrollo se podría llegar hasta la vejez.

Por otra parte, el aborto es un problema social y no solo de la mujer que pretende hacerlo. ¿Dónde está el padre o progenitor masculino? ¿Por qué la ley no castiga al padre, a los médicos, enfermeras que participan en el delito del aborto?

Al justificar la despenalización porque la pena sólo se aplica a la mujer, los jueces están implícitamente justificando el machismo y dejando igualmente desamparada a la mujer que se encuentra sola en el momento de decidir, en vez de buscar formas sociales más acordes a la recepción de la vida humana con mayor dignidad, así como el asumir la responsabilidad de parte de los varones.

Con ello, se abona a que se siga desdibujando la figura “arquetípica” del padre, que va más allá de un rol social o psicológico, y esto puede llevar a un problema social de inimaginables consecuencias. La decisión de los jueces penaliza al más desprotegido, despenaliza a la mujer y le quita toda responsabilidad social al padre.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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