Home / Opinión / Mística

Mística

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

Quizá nos encontramos con demasiados prejuicios sobre el tema de la mística, incluso en el ámbito religioso: algunos consideran que se trata de algo intimista o angelista, que poco tiene que ver con la vida real y comunitaria; otros piensan que es evasión de los compromisos transformadores del mundo o la reducen a un conjunto de prácticas piadosas y ritos; etc.

Por otra parte, hoy frente a la grave crisis ecológica, se considera al cristianismo como una religión antiecológica y se ven las tradiciones religiosas orientales mucho más respetuosas con la naturaleza, así que asistimos al florecimiento de grupos místicos y esotéricos de toda clase: yoga, zen, meditación trascendental, la astrología o la cosmología mística; resurge la confianza en la magia, los horóscopos y en los seres espirituales.

Se habla de una espiritualidad laica sin ninguna referencia religiosa y se utiliza la mística como sinónimo de ideario motivacional o el espíritu-mentalidad con el cual se realiza una acción o se organiza una institución.

Frente a la razón moderna, se prefieren dejar los grandes relatos religiosos para abrazar una forma no religiosa de fundamentar valores y principios éticos que manifiestan un concepto laico de humanidad.

En general, podemos entender el concepto de mística como un término con el que se intenta acotar el momento, el nivel o la expresión de la experiencia espiritual en un determinado mundo religioso, como experiencia de interioridad y de inmediatez.

La mística es la profunda y sensata razón del corazón; se trata de un camino o proceso de crecimiento integral de la persona. En sentido general, podríamos entenderla como un conocimiento transracional; no irracional, sino superior al conocimiento racional, porque engloba a toda la persona en su pensar, en su sentir, en su querer y en su obrar.  

El espíritu humano no se ciñe a ninguna hipótesis científica sino que las trasciende. Es razón aderezada con la emoción, provocada por la voluntad y ejecutada por la acción. No hay rincón de la persona verdaderamente religiosa en la que no entre en juego. Se trata de un conocimiento inenarrable, no hay palabras para describir la experiencia mística, por eso se vale de signos y símbolos, que permiten ese conocimiento sacramental de la trascendencia, del totalmente Otro.

La mística puede entenderse como la experiencia fundamental que engloba la existencia, la integra en el proceso cósmico y la proyecta creativamente para la práctica comprometida con la utopía, que es la proyección de un ideal, que a su vez se alimenta de la mística. Esta recupera la experiencia integradora del misterio y religa todas las cosas permitiendo la verdadera comunión de todo con todo, puesto quien está en comunión con lo trascendente lo está con lo inmanente.

En el místico no hay exclusión de contrarios: mente o cuerpo, masculino o femenino, espiritual o material, porque la espiritualidad es la capacidad de captar la totalidad, de sentirse parte y parcela de esta realidad. Si bien el místico puede captar las diferencias, las experimenta dentro de un dinamismo integrador.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

Revisa También

¿Es correcto promover misas rápidas?

Pbro. José Marcos Castellón Pérez Hace algunos años se hizo famoso un templo del poniente …