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¿Voto útil? O ¿Voto de castigo?

Jorge Rocha

Varios actores políticos y sociales empiezan a hablar de la necesidad de hacer un voto “útil” o utilizar nuestro sufragio para “castigar” a los gobiernos en turno. La figura del voto útil apareció en la década de los años noventa en el contexto de la necesidad de generar alternancias políticas en Estados donde siempre había gobernado el PRI, incluso hay entidades donde todavía no se ha generado este cambio como Campeche, Colima o Coahuila.

¿Sirve el voto útil o voto de castigo?

La ­figura del voto útil tuvo su apogeo en las elecciones del año 2000, cuando muchos posibles votantes de Cuauhtémoc Cárdenas, sufragaron a favor de Vicente Fox, con el propósito de acabar con la hegemonía priista en la presidencia de México. Habrá que decir que la estrategia del voto útil se ha implementado en los casos de elecciones de presidencia de la República o de gobernadores, donde los votos que no van al ganador no tienen ninguna repercusión de carácter legal y sólo queda como información política para medir la legitimidad de la persona electa.

Desde hace algunos procesos electorales también se ha dado el llamado voto de castigo, que consiste en que los ciudadanos otorgan el voto a la oposición del partido gobernante, con el propósito de que no continúen al frente de los cargos para los que fueron electos. En las campañas que están por concluir, estamos escuchando con mucha frecuencia que varios de los partidos que están en la

contienda y algunos actores sociales invitan a hacer un “voto útil” o a realizar un “voto de castigo”. A propósito de esto, hago la siguiente reflexión.

¿A quién vamos a castigar?

Si hablamos del desempeño económico del país, del manejo de la pandemia o de la grave crisis de seguridad por la que atravesamos, que son por mucho las mayores preocupaciones de los mexicanos, los diagnósticos de especialistas señalan que, en estas tres agendas, lo que tenemos es una “culpa compartida” entre los tres niveles de gobierno y de todos los partidos políticos. Nadie se escapa de responsabilidades no atendidas, de estrategias fallidas o de franca negligencia. La pregunta que queda en el aire es la siguiente: ¿a quién castigo primero por su irresponsabilidad en alguna de estas tres urgencias?

La di­ficultad de responder esta pregunta complejiza la posibilidad de hacer un voto de castigo, al menos a la manera como hasta ahora se ha hecho.

¿Útil para qué o para quién?

En lo referente al voto útil, la pregunta es ¿para qué el voto útil? Porque no hay un interés único en las elecciones. Para el caso del Estado de Jalisco hay una particularidad que debemos tener en cuenta; y es que los votos que no van al ganador de las contiendas (presidencia municipal, diputaciones locales o diputaciones federales) sí pueden tener repercusiones legales, es decir, sí pueden tener un impacto político.

En el caso de las alcaldías, el voto puede contribuir a que diversos partidos obtengan regidores de oposición; en lo referente a las diputaciones federales, el sufragio puede ayudar a incrementar el número de legisladores de representación proporcional de algún partido político y para otorgar el registro electoral a los partidos políticos nacionales; y en el caso de los comicios de diputados locales, los votos también pueden contribuir a que un partido tenga diputados de representación proporcional y que obtenga el registro como partido político local.

Dicho de otra forma, el voto útil puede ser utilizado al menos de tres formas: para ayudar a que una candidata o candidato gane una elección; para generar contrapesos en las cámaras de diputados federal o local; y para colaborar a que un partido político obtenga el registro electoral.

Entonces, frente a la propuesta de hacer un voto útil, la primera respuesta debería ser: ¿útil para qué y para quién? Porque hoy por hoy no hay un interés único y tampoco hay un bene­ficiario único. El problema es que se empieza a utilizar esta figura como una forma más de propaganda electoral, adecuada al candidato que lo propone, y empieza a dejar de ser una herramienta ciudadana que, como se dijo antes, se comenzó a utilizar en los años 90 para lograr alternancias en el poder.

Posdata

Es cierto que estamos en un momento de avance de control de la pandemia de COVID-19 muy alentador, pero esto no es motivo para dejar de llevar a cabo las medidas sanitarias y sobre todo, para hacer aglomeraciones políticas para los cierres de campañas. Esperemos que haya mayor responsabilidad de los actores políticos.

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