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Jesús se puso a la cabeza de la necesidad

Para darnos a conocer su identidad, Jesucristo se sirvió de algunas imágenes. Se presentó, por ejemplo, como la luz que ilumina a
todo hombre, como la vid y como el Camino, la Verdad y la Vida.
Con esta presentación que el Señor hace de su persona, está revelando lo
que Dios dio a conocer a Moisés en el misterio de la zarza ardiente, al decir:
“Yo soy el que soy” (Ex 3,14).
De tal forma que, cuando Jesús utiliza estas imágenes, está diciendo que
Él es Dios hecho Hombre, presente en la humanidad, y efectivamente todo
el poder, el amor y la misericordia de Dios se nos reveló en Él, en cada una
de estas figuras, pero muy entrañablemente cuando se presenta como Buen
Pastor, como nuestro único Pastor.
Efectivamente, Él reunió a nuestra humanidad dispersa, porque estaba
perdida, extraviada. Además, nos hizo entender que somos hijos de Dios, llamados a formar una familia, y que, por lo tanto, todos somos hermanos.
Para lograr esto, Jesús lo hizo con una gran sensibilidad y cercanía. Sentía compasión de ver a las multitudes que andaban como ovejas sin pastor.

Se puso a la cabeza de tanta precariedad, de tanta necesidad que sufre la humanidad en los enfermos, en los pecadores, en los tristes, en los despreciados.
Tomó la causa y la orientó para unificar su grey. Ahora nos debemos preguntar cuánto estamos dispuestos, en nuestra vida diaria, a escuchar lo que nos dice Jesús, nuestro Buen Pastor. Lo que nos dice en su Palabra, en los acontecimientos de nuestra vida cotidiana, en los acontecimientos familiares, porque la base del reconocimiento y de la aceptación del Señor está en la escucha.
Por otra parte, el domingo pasado celebramos la 59 Jornada de Oración por
las Vocaciones. El Papa Francisco nos recuerda, en el mensaje para este año,
que todos estamos llamados a edificar la familia humana. No podemos ser indiferentes a los males que padece porque todos somos corresponsables en esto.
La vocación de cada uno (Sacerdote, consagrado, casado, soltero) debe
servir para edificar la humanidad. Por el sacramento del Bautismo estamos
llamados a ser discípulos misioneros de Jesucristo, es decir, a darlo a conocer con nuestra palabra y con nuestra vida.
La vocación que tenemos cada uno nos exige, además, que cuidemos
unos de otros, y que cuidemos la Casa Común que habitamos, la
reacción, así como la vida propia y la de los demás.

La santidad, nos señala el Papa, es un llamado que todos tenemos obligación por el Bautismo que recibimos; no es para unos cuantos, sino que es para todos. La escucha de la Palabra de Dios es fuente de fortaleza de nuestra vocación e inspiración para cumplir mejor esta tarea.
Para descubrir nuestra vocación debemos estar atentos a las necesidades de
los demás, y aunque hay una gran variedad de vocaciones, todas están destinadas a ser vividas en la comunión de la unidad.
Tengamos presente todas las vocaciones, y pidamos a Dios que nos dé
la fuerza para vivir la vocación propia con plenitud y con generosidad.
Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

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