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Padre Silviano Carrillo, pregonero del Reino de Dios

Ruth Celina Guzmán de Sánchez

Periodista, predicador, promotor humano y cristiano;
confesor asiduo y sobre todo sacerdote.

El pasado 10 de septiembre se cumplió el primer centenario de la
partida a la casa del Padre del quinto Obispo de Sinaloa Don Silviano
Carrillo Cárdenas, hoy Siervo de Dios, cuya obra pastoral fue al servicio
de nuestra comunidad eclesial durante treinta y seis años. Sólo trece
meses tuvo su mente, en Sinaloa; y vivió en ella seis meses de su
existencia. Fue preconizado el 30 de julio de 1920.

Desarrolló su ministerio tres meses en la Capellanía de La Soledad; poco más de cuatro meses en la Parroquia de Jesús, como vicario, en
Guadalajara; durante diez años integró el equipo sacerdotal de Cocula,
Jal., veintiún años fue párroco de Ciudad Guzmán y cuatro años se
desempeñó como Arcediano del cabildo eclesiástico de Guadalajara.

Su impulso a la labor periodística

Fue un hombre de su tiempo con visión de futuro, por lo cual
comprendió bien que la confrontación de ideas vivida en su momento
exigía en él y en sus parroquianos una pronta toma de conciencia sobre
la problemática social, así como la adquisición sólida de criterios
veraces, para juzgar la realidad y actuar al servicio de las personas.


Desde esa perspectiva valoró con acierto la importancia de la
prensa en el desarrollo de la cultura y de la historia, por lo que
decidió ser un promotor eficaz de la prensa católica en la
comunidad creyente.

Cuando llegó a su parroquia, apoyó la edición y difusión de un sencillo
semanario llamado “El Faro”.
Buscó difundir el mensaje evangélico más allá de los muros de los
templos haciéndolo llegar al mayor número de hogares, de centros de
trabajo y de organizaciones.

Decidió fundar un órgano periodístico cuya información atendiera mejor
las necesidades de los fieles de Zapotlán. Concibió la idea de un nuevo periódico, lo fundó y puso en circulación en 1898, con el nombre de “La
Unión Cristiana”.


El cierre del mismo a los cinco años planteó un nuevo reto a las
convicciones sobre comunicación propias de Silviano Carrillo, por lo que
decidió comprar una imprenta para abaratar los costos de la edición, y
después de vencer muchos obstáculos la ubicó en su propia casa; dedicó
tiempo a la elaboración de artículos y al diseño de la edición la cual
apareció en 1906. Así durante ocho años dirigió la publicación de su
periódico llamado “La Luz de Occidente”

Su tarea profética

Fue asiduo predicador de la Palabra de Dios y ejemplar catequista: Le
gustaba preparar él mismo a los niños para su primera comunión, y lo
hizo con constancia en Cocula en los barrios de San Pedro y de Santiago
donde él dirigía la catequesis.


Su biógrafo “Fidelior” escribe; “millares de veces ocupó el púlpito; y
ante esta contundente afirmación su principal biógrafo, el Pbro. Ramiro
Camacho, simplemente sostiene: “no es hipérbole”, porque predicaba
también en las parroquias de la región cuando fue párroco: en Sayula,
Zapotiltic, Tuxpan, Tamazula, San Gabriel; por otra parte eso sucedió
durante 19 años, hasta 1914 cuando tuvo que esconderse.


El padre Camacho informa que en Cocula llegó a ser el orador obligado
en todas las solemnidades.

Ya como Obispo todos los días predicaba la Palabra de Dios. Apenas
llegado a su sede episcopal, Culiacán, se dio a la tarea de dirigir
ejercicios espirituales para varones y mujeres.

Quienes lo vieron dijeron que se llenaba el templo catedralicio.

Era un convencido de que el camino en el seguimiento de Jesús
necesitaba arrancar en el conocimiento del Evangelio.


Con su predicación procuraba mover los corazones, iluminar las
inteligencias y mover las voluntades.

Promotor de la solidaridad

Silviano Carrillo fue un varón muy religioso, pero también cercano,
activo y muy buen organizador. En 1889 instituyó en Cocula las
Conferencias de San Vicente de Paúl, cuyo objetivo era el ejercicio de la auténtica caridad y la superación humano-cristiana de sus integrantes. A
decenas de ellos se sumaban los benefactores. Con los recursos
reunidos se atendía a familias pobres y marginadas, se visitaban presos,
se patrocinaba a huérfanos y se realizaban muchas otras obras de
asistencia comunitaria.


Organizó también en dicha población la conferencia de Las Señoras de la
Caridad. El Padre Carrillo les inculcaba una profunda cultura de
solidaridad.


Nombrado párroco, con diez años apenas de ordenado sacerdote,
llegó a Ciudad Guzmán para servir en una de las parroquias
foráneas más importante de la diócesis. Arribó lleno de ilusiones,
de una singular fuerza apostólica, decidido a amar y servir hasta
el extremo.


Terminó la construcción del templo parroquial, actualmente Catedral del
Señor San José; fundó escuelas parroquiales, el Orfanatorio de Niñas, la
Escuela de Artes y Oficios con varios talleres; organizó Sociedades
Mutualistas, como la Unión Católica de Obreros, la Sociedad Mutualista
Católica de Artesanos; la Sociedad de la Sagrada Familia para mujeres.
Pretendía el Sr. Cura por medio de la educación, el ahorro y la ayuda
mutua, impulsar la solución al problema obrero; así estaba siendo
pionero de las propuestas de la Encíclica de León XIII.


Un verdadero enamorado de Jesús Eucaristía

La noche del 17 al 18 de julio de 1901 un amante de lo ajeno sacó del
Sagrario de la Capilla de la Purísima, un copón con hostias consagradas.
Este hecho generó en el párroco un profundo y auténtico dolor que lo
indujo a organizar un novenario de desagravio. Enardecido en su amor
por Jesús Sacramentado amplió el acto de propiciación a todo un año,
asistiendo él mismo con sus fieles a la oración.


Al ver a los jóvenes y en general a los adoradores encender lámparas y
cuidarlas en honor al Santísimo, surgió en él la idea de que sería mejor
que hubiera almas que supieran consumir su tiempo en adoración
amorosa a Jesús-Eucaristía. En esa contemplación se dejó conducir por
la dinámica de su amor al Señor amante de los hombres, presente en el
Sacramento del Altar.


Decidió llevar a cabo esta idea, y junto al Sr. Arzobispo José de
Jesús Ortiz realizó su sueño: fundar una Congregación Religiosa
Femenina que cuidara la Adoración del Señor, a la vez que se
dedicaran a la enseñanza de niños y jóvenes principalmente. Así
nació el 25 de noviembre de 1905 la Congregación Religiosa de
las Hermanas Siervas de Jesús Sacramentado.


Su ministerio episcopal

Consagrado Obispo el 24 febrero de 1921, en las siguientes semanas se
puso en camino hacia su diócesis de Sinaloa. La despedida en el sur de
Jalisco mostró el gran arraigo de su figura sacerdotal entre los feligreses
de aquellas parroquias.


Al llegar a su sede episcopal fue recibido multitudinariamente
por sus fieles que intuyeron en su nuevo Obispo la grandeza de
su espíritu, su generosidad pastoral y su capacidad de amar a
sus nuevos hijos en Cristo.

No se equivocaba aquel pueblo fervoroso pues su servicio episcopal
durante los seis meses que convivió con ellos fue testimonio fehaciente
de su gran capacidad de servicio a la Iglesia.

Dios que conoce los corazones quiso recoger pronto a su siervo. En la
primera semana de septiembre enfermó gravemente y murió abrazado a
su crucifijo y mirando sus ojos a María, su Madre, a quien tanto amaba.
La ciudad de Culiacán se volcó a despedirlo. Cargando en sus hombros
el féretro hasta la cumbre de La Lomita, ahora Santuario de Guadalupe.

Acerca de Miroslava Flores Torres

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